Inscríbete

Para dejar tus recuerdos pincha aquí

Personas en línea

En estos momentos hay 1 personas visitando "recuerdos prestados"

Contenidos por fecha

lun mar mié jue vie sáb dom
28 29 30 31 1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31


Artículos escritos sobre "cuentosurbanos" en otros sitios

De Bar en Bar

Enviado por Ana Montrosis el 28/01/2008 a las 05:35 AM
Ana Montrosis

Me dió un beso en la frente, dejó dos mil pesos sobre el velador.Desperté asustada, olvidé prepar el desayuno del día viernes, huevos a la copa, tostadas y café con leche. Me llamó a las diez de la mañana para decirme que me pusiera mi mejor vestido.Limpié bién la casa como para todo el fin de semana, no me gustaba dedicarme a las labores domésticas cuando él estaba en casa. Fuí a la feria y compré unos aros de fantasía para el vestido naranjo, el vestido que Andrés me regaló en navidad, pues le encantaba, le fascinaba que lo acomodara junto a su cuerpo varonilmente opuesto, tenía según él un encanto antojadizo, nunca entendí bién eso del encanto antojadizo, intuyo a mi modo de ver que debe ser alguna especie de encantamiento, cosa de hombres. Casi no comí en todo el día, salir a algún sitio con Andrés siempre era una aventura.Llevábamos casi siete años de casados, una niña de tres y todo un mundo por descubrir y conquistar. Mi empleo en una revista, una vez a la semana y unas clases de literatura pagaban mis publicaciones de escritora mediocre cada dos años. Andrés se las batia bién en su miniempresa de ingenería, podía pagarme algunos caprichos, como quedarme todo el día en casa escribiendo mientras mi pequeña la veía Rosita, mi nana. Rosita era buena, trabajadora y alegre, me hacía reir y era mi mejor amiga, nos pasabamos horas conversando y terminabamos limpiando el departamento a medias.Una mañana no vino a trabajar, nunca supe que paso con ella, la busque por todos lados sin saber nada, literalmente desapareció como desaparecen los sueños cuando llevas siete años de casada.Trabajaba bastante en la revista, la casa estaba echo un asco y mi nena lloraba todo el día por la Rosita, a mi marido parecía que no le afectaba, me ayuda con las labores cuando podía y no reclamaba por nada. No quería a otra nana en casa, nunca me han gustado, eceptuando Rosita. A eso de las cinco de la tarde me llamo Andrés para que llevara a la niña a casa de su madre y que lo esperaba ahi, la lleve y no quise quedarme a verle la cara a la vieja. Regrese para hermosearme para ver si se producia un milagro, estaba tan gorda, pero mi marido nunca reclamó, hace tiempo que no saliamos a carretiar en las noches santiaguinas.Me hacia ilusión ir al Bellavista, estaba de moda en esa época. Rosita siempre me hablaba que su novio la llevaba a la Casa en el monte, de primera creía que era un motel, luego una disco, en fin sería genial descubrir que era. Empece a inquietarme ya eran las once de la noche y el celular no sonaba, no era costumbre que lo llamara, a él no le agradaba, menos a mi.Me atreví y llame, no contestó, espere unos minutos y volví a marcar, apagado, el aparato se le apagó, pense que debió tal vez descargarse la porquería, de aburrida encendi el televisor, el único televisor 29 pulgadas que había en la pieza, lo odiaba, me distanciada de mis quejas, copuchas y opiniones cotidianas, mientras Andrés gozaba sapiar y eso me causaba celos que me hacían ir a dormir a la habitación de invitados, para soñar con Andrés pretendiendo quitarme lentamente la ropa hasta que despertaba mojada y retornaba despacito a nuestras sabanas que compramos en Buenso Aires para nuestro tercer aniversario. Desde esa fecha que no saliamos de vacaciones. Nació la bebe y a las pailas el romanticismo. Engorde como vaca, más sentada todo el día en el pc, no lograba perder kilos, sólo perdía la atención de mi marido que a esa altura ya ni me reclamaba. Desperté con la musiquita del celular. Preguntaron por la señora de don Andrés Bernotti, - si soy yo.....que pasa-, respondi asustadísima al 133, - su marido está detenido por manejar en estado de ebriedad- dijó el tipo, - a no sé-  repondi, - no lo conozco-, fue la única salida a mi ataque de nervios. Volvieron a llamar,  les dije que la verdad que era mi ex y que llamaran a su mamá, les dí el teléfono y no supe nada hasta las diez de la mañana cuando llegó mi suegra enojadísima.Me dejó dinero para ir a ver a su hijo y algo de ropa. Fuí con una amiga, tenía bastante miedo, era la primera vez que vivía una situación tan chocante. Andrés era loco, pero borracho jamás. - ¿Que te paso? le pregunté,- se me pasaron las copas en la oficina y me olvidé de nuestro aniversario,cuando recordé que ibamos a salir me desesperé y corrí a 150 k/h-.Me respondió sin mirarme a los ojos.Después de un mes sin tocar el tema me invitó a salir como para remidiar en parte la falta, está vez me dejó más dinero en el velador y le preparé un delicioso desayuno, fuí con una hermosa sonrisa a la casa de mi suegra y lo espere sin reclamar la pequeña tacita de té y las tres gallitas de agua que la señora me ofrecia para que bajara de peso, más la lata de escuchar el típico discursito de ser madre en los 90´. Pude escaparme de la lata cuando a mi nena le dió sueñito, hasta que me quede parcialmente dormida esperando a mi principe azúl desteñido. Sonó el celu, tipin cuatro de la mañana, sorprise my God......la Rosita. - Señora salí a carretiar con mi novio y me encontré, imaginese usted en la casa en el monte a su esposo con unos amigos, se le paso la mano al caballero, se pusieron a conversar, luego a pelear y están presos los dos señora, están presos, puede venir a buscarlos, por fi, no tengo ni uno. Ni uno, ni dos, yo tampoco tengo la más remota ni plata, ni ganas de ir a buscarlo hasta que amanesca.Estaba choreada, de verdad que estaba enojada hasta con la Rosita, la linda se desaparece y para remate tomando con mi marido, la muy patuda.No le dijé nada a mi suegra, sabía que la agarraría conmigo, sabía que me echaría a mi la culpa, de mi gordura, de que trabajo en algo que no me alcanza ni para la peluquería, que su hijito se saca la cresta, que su post grado, la cuota del auto, el departamento y cuanta estupidez, saldría perdiendo como siempre salgo. Fue así que  tome  a la niña y la lleve conmigo a la comisería. cara de palo, haber si así al padre del año le daba verguenza y se le terminaba el carreteo que últimamente no le estaba funcionando. Un ojo negro y el hocico roto, ese fue el resultado de la pelea en el barcito, el novio de la Rosita jamás lo ví, desaparecido del mapa,  ella la linda también estaba presa, no sé porque me dió la sensación que salieron los dos,que tal vez se veían a espaldas mias, no sé aún tengo mis dudas, la Rosita no me quiso dar la cara, ni la dirección. Hoy cuando Andrés viene los domingo a buscar a la niña, mi pequeña llega contenta y dice que la Rosita la regalonea muchisimo y mi suegra dice que Andrés me extraña tanto que contrato a la Rosita, pero nadie me da la dirección ni de la Rosa, ni de Andrés.Lo único que tengo claro Doctora que debo bajar de peso, buscarme un empleo completo y salir de bar en bar.

Etiquetas:

FEMINAS

Enviado por Ana Montrosis el 26/01/2008 a las 04:45 AM
Ana Montrosis

Ingrese con estilo, con un cierto glamour de modelo afrancesada para despistar a los alchólicos anónimos que merodeaban mis medias rojizas que estaban semicocidas en un extremo de mis estrechas caderas. En esa época las monedas eran escasas, así como una prostituta peliroja lo era en la esquina de una Cátedral de Damasco. Senté mi trasero finamente en la última banquilla frente a una ventana para vaciar parte del humo de mi cigarrera de tono plateado que trasportaba cuando quería de alguna manera llamar la atención. Todos fijaban su vista en mis medias, como si en ellas hubiese algo subliminar, algo irremediablemente santificado.Una tipa de antejos feos, media agringada me preguntó si quería saludar, no respondí, solo atiné a mirarme las uñas que me habían quedado bién firmes, luego de una pausa me preguntó en Francés si deseaba emitir algunas palabras. A esa altura solté una carcajada hasta el estadio de Petesburgo, imagino que hay estadios en ese lugar, de ser así me alegro un kilometro, pues cupiría mis risotadas en todo el recinto. Los borrachines y la mujer extrañados observaban mi boca gruesa y roja como se abria y contraía en cada sonido. Me levanté y me acerque a la ventana, abri el bolsito de felpa Italiana y extraje la cigarrera plateada, no me quedaban cigarrillos, que fanstidio tendría que abrir de nuevo la boquilla, pero estás vez para solicitar un cigarrillo. Uno de los presentes se levantó, me acerco uno de eso cigarrillos que traen de América cuando las guerras están por terminar, lo encendí, lo succioné como quien succiona el pecho de su madre, con ganas, desesperada. Volvian a registrarme con sus miradas, como me gustaban esas miradas, pero no iban dirigidas al humo que salía por la minúscula ventanilla, sino que estaban focalizadas a mis medias. Era casi una obseción, la manía encantadora que tienen los hombres y algunas mujeres en fisjonear en las piernas. Deseaba divertirme, entonces volví a acomodarme en la sillita de madera e intencionalmente acaricié una de mis piernas, nadie volteo su mirada en este acto puramente descarado. Reubique la otra pierna sobre la rodilla y nuevamente reitere el mismo gesto, pero esta vez levante la tela de la media panty para dejarla caer provocando así un ruidillo incómodo y sugerente. Nuevamente nadie observó este acto más que la tipa, la única mujer en la salita. Al parecer atraía más la atención cuando mis manos se alejaban de las medias panties como si ellas fueran un empedimento.La tipa feucha se me acercó y me pidió que por favor salieramos  un instante de la sala. Imaginé que era para amonestarme por mi silencio o por mis movimientos inusuales.Fuerte fue mi sorpresa cuando me preguntó si podría darle algunos masajes después de la reunión. Por supuesto le respondí, pero cobro caro sobre todos a las mujeres. No te comprendo me dijo la mujer sorprendida, creí que eras prostituta y las prostitutas también hacen favorcitos entiendes.Por supuesto que soy prostituta, pero te advierto, no me gustan las mujeres, no me gusta acariciarles nada, es más les tengo una cierta envidia por que tienen entre las piernas lo que yo no tengo, entiendes. A la feita le gustaba jugar con mujeres, por eso me citó a este lugar, para deleitar su juego previo y yo que pensaba que ella me estaba citando para tomar algunas lecciones de coquetería femenina, al parecer a  ella le atraían las feminas y yo que no daría por ser una de ellas.

Etiquetas: