Reparti varios afiches por el entorno Universitario.Busque un ciber para ver si la información la habían subido, pero no fue asi, debía entonces esperar por lo menos una hora antes de que el aviso estubiera por doquier, fue asi que camine unas cuantas cuadras y busque un café para relajar a mis pies adoloridos y tristones. Llevaba varios dias haciendo la misma hazaña y un café con leche en pleno invierno en la capital no me vendría nada de mal, un café en invierno suele ser más que agradable, diría que extremadamente necesario y en este caso era mi recompensa, la primera de esa mañana. La taza de café se acomodo en la mesa y fuimos presa una de la otra, aquel calorcito a su alrededor se escurria lentamente por mis delgados dedos, asi como se escurria la manos de una jovencita veinteañera, rubia, flaca y muy graciosa sentada en la mesa de al frente, ella manoseaba a un joven alto, delgado, de barbilla y unos anteojos que le daban un aspecto intelectual, ambos me obervaban, ambos fijaban su atención en los afiches que se dejaban ver, La joven sindarme cuenta se acerco a mi lado y me pidio ver un afiche, se lo pase, pues a esa altura mi cansancio estaba entregado y una persona más daba exactamente lo mismo. La niña regreso a su asiento y le señalo el afiche al muchacho, ellos lo observaron detenidamente, en ese acto recorde que ya debía estar lista la página en internet, debía por lo tanto desprenderme de la taza de café, fue así que pague rápidamente la cuenta y me alegue lo más pronto que pude, al llegar al ciber, no encontre nada, no me habían confeccionado la página, una ingrata situación se apoderaba de mi, sali corriendo hacia ningún destino, una rabia insoportable se hacia mi enemiga, necesitaba tanto ver que mi trabajo era visitado y que mis alumnos estarían anciosos asi como lo estaba yo, fue entonces que comence a caminar, cada vez más lento hasta desvanecerme en los brazos del joven de la cafetería. El muchacho flaco, de lentes me preguntó si estaba bien, les respondi que no, que estaba pésimo. Decidimos ir por otro café, pero está vez eramos los dos en una mesa y dos tazas de cafe, una taza grande para él y otra mediana para mi y con leche como me gustan, el joven solo me observaba, mientras le narraba lo importante que sería saber que mis clases de inglés estaban navegando por la web, que mis alumnos estarían felices de saber que su profesora anunciaba una beca para el mejor de sus estudiantes, El joven me dijo que a él le encantaria tomar un curso de inglés avanzado y que no le importaba que fuera yo quien le diera las clases. Me dio pena, me dio tanta vergueza saber que este joven muchacho tendría a una loca de profesora y que el era ministro de fe de todo lo humanamente imposible que se hacia para dar unas cuantas clases y a un costo que se supone que es módico, pero el mio era demasiado inferior,era demasiado poquita cosa, porque tantas eran mis ganas que hubiera pagado por enseñar lo que tanto amaba.Fue asi que el muchacho ingreso a está academia y se convirtó en uno de los mejores profesores. Él es mi brazo derecho, mi fiel compañero,el que sotiene esta academia mientras termino una taza de café en cualquier lugar de Santiago Centro.
"Cuentos urbanos en Santiago" por Ana Montrosis


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