Ingrese con estilo, con un cierto glamour de modelo afrancesada para despistar a los alchólicos anónimos que merodeaban mis medias rojizas que estaban semicocidas en un extremo de mis estrechas caderas. En esa época las monedas eran escasas, así como una prostituta peliroja lo era en la esquina de una Cátedral de Damasco. Senté mi trasero finamente en la última banquilla frente a una ventana para vaciar parte del humo de mi cigarrera de tono plateado que trasportaba cuando quería de alguna manera llamar la atención. Todos fijaban su vista en mis medias, como si en ellas hubiese algo subliminar, algo irremediablemente santificado.Una tipa de antejos feos, media agringada me preguntó si quería saludar, no respondí, solo atiné a mirarme las uñas que me habían quedado bién firmes, luego de una pausa me preguntó en Francés si deseaba emitir algunas palabras. A esa altura solté una carcajada hasta el estadio de Petesburgo, imagino que hay estadios en ese lugar, de ser así me alegro un kilometro, pues cupiría mis risotadas en todo el recinto. Los borrachines y la mujer extrañados observaban mi boca gruesa y roja como se abria y contraía en cada sonido. Me levanté y me acerque a la ventana, abri el bolsito de felpa Italiana y extraje la cigarrera plateada, no me quedaban cigarrillos, que fanstidio tendría que abrir de nuevo la boquilla, pero estás vez para solicitar un cigarrillo. Uno de los presentes se levantó, me acerco uno de eso cigarrillos que traen de América cuando las guerras están por terminar, lo encendí, lo succioné como quien succiona el pecho de su madre, con ganas, desesperada. Volvian a registrarme con sus miradas, como me gustaban esas miradas, pero no iban dirigidas al humo que salía por la minúscula ventanilla, sino que estaban focalizadas a mis medias. Era casi una obseción, la manía encantadora que tienen los hombres y algunas mujeres en fisjonear en las piernas. Deseaba divertirme, entonces volví a acomodarme en la sillita de madera e intencionalmente acaricié una de mis piernas, nadie volteo su mirada en este acto puramente descarado. Reubique la otra pierna sobre la rodilla y nuevamente reitere el mismo gesto, pero esta vez levante la tela de la media panty para dejarla caer provocando así un ruidillo incómodo y sugerente. Nuevamente nadie observó este acto más que la tipa, la única mujer en la salita. Al parecer atraía más la atención cuando mis manos se alejaban de las medias panties como si ellas fueran un empedimento.La tipa feucha se me acercó y me pidió que por favor salieramos un instante de la sala. Imaginé que era para amonestarme por mi silencio o por mis movimientos inusuales.Fuerte fue mi sorpresa cuando me preguntó si podría darle algunos masajes después de la reunión. Por supuesto le respondí, pero cobro caro sobre todos a las mujeres. No te comprendo me dijo la mujer sorprendida, creí que eras prostituta y las prostitutas también hacen favorcitos entiendes.Por supuesto que soy prostituta, pero te advierto, no me gustan las mujeres, no me gusta acariciarles nada, es más les tengo una cierta envidia por que tienen entre las piernas lo que yo no tengo, entiendes. A la feita le gustaba jugar con mujeres, por eso me citó a este lugar, para deleitar su juego previo y yo que pensaba que ella me estaba citando para tomar algunas lecciones de coquetería femenina, al parecer a ella le atraían las feminas y yo que no daría por ser una de ellas.


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