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El librero

Enviado por Ana Montrosis el 09/01/2008 a las 05:41 AM
Ana Montrosis

Tenía que volver a la clinica a las seis en punto, mi reloj marcaba la una, eran demasiadas horas para vagar por Recoleta, sin ganas de vitrinear  mientras mi suegra se recuperaba de la operación, decidí de inmediato ir a la Vega, dar un par de vueltecitas por aquel entorno me detendría en el tiempo y así mi mente se escurriría como se escurren los malos momentos. No sé como dí con un puesto de libros, me detube a visitar algunos libros de poesía y deje que mis ojos llenos de alegría dieran paso a esto que parecia sueño.Ver en una feria una librería, era más que increíble, era real, tan real como la sorpresa de ver a los mismos escritores. Para mi esto es un grave problema, más que un dilema, diría que es una afrenta, porque siempre los mismos, me repetí en voz alta, acaso en Chile y en el mundo entero no hay más poetas que leer, debí poner cara de espanto que el caballero del puesto de libros me preguntó si estaba molesta, por supuesto que lo estoy le repliqué._ haber señora sientese un momento y  calmece _me dijo con una paciencia increíble. Obedecí como chiquilla malcriada, me senté y las horas se volvieron elocuentemente segundos, hablamos de todo y de toda la literatura que podíamos imaginar, aquel hombre sabio sabía de los misterios literarios que a mi tanto me enamoraban. Andrés mi querido Andrés, asi se llamaba, tenía 74 años, su porte alemán se imponía en su acento y tamaño, a momentos me lo imaginaba más joven, seduciendo mis encantos literarios, no hay nada más erótico que una conquista intelectual. De a poco la conección fue en aumento, comencé a ver rasgos más juveniles, mis manos de niñas en sus manos envejecidas casi no se distinguían, fueron las horas más extrañas en toda mi vida, fue como si el tiempo congelara las mentes. Debo irme le dije de pronto, su rostro cambio al mismo tiempo que cambio mi compostura femenina, lo siento debo ir a ver a mi suegra, volveras me dijo, no lo sé respondí y me fuí, me fuí tan rápido como pude, sin voltear, para no ver su tristeza en la mía.Triste es la distancia entre él y yo, la distancia de cuarenta años, pero para mí era cuerpo y sombra unida en nuestras risas, había una inocencia a rato sensual, a ratos mágica, la magia para nuestros sentidos.Todo ese día fue repitiendose en mi cabecita que un día decidi ir a verlo, fuí decidida a todo. vivir un romance a mi edad y en mi condición de esposa era un pecado, para él era su último aliento, decidi entonces ir y decirle que mis hormonas deseaban su sabiduría, fue así que llegue muy temprano con la idea de estar todo el día, pués sería un día único e irrepetible, en donde la edad y los papeles no tienen cabida más que la atracción mental en un cuerpo que jamás vi, el cuerpo que jamás amé. Andrés ya no estaba, no pude encontar el sitio aquel, se desvaneció como se desvanece un grito en el universo, el eco que dejo su grito enmudeció mis pasos, mis pasos que no pudieron cerrar los ojos de Andrés.

Etiquetas:

libreros en feria

Enviado por el 09/01/2008 a las 07:43 AM
rodrigo albornoz pollmann

me ha tocado ver puestos de libros en ferias, pero no con la dedicación y sabidurias que reconociste en andrés.

saludos

www.rodrigoalbornoz.cl


Excepcional...El Librero

Enviado por el 09/01/2008 a las 07:18 PM
Marcial



 Fantástico relato amiga...estupenda la narración, es un cuento con etiqueta de verdad, donde la sabiduría se hace, desarrolla y se muestra con los años. Me gustaría que en el camino que he de recorrer en ésta vida, la sabiduría que atesore, sea tanta como la de Andrés...

Otro cuento...please!

  Besos........................ 







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