Una primera cosecha
Ana Montrosis, “Tacones bajo la Luna”(Puerto Alegre, 2007)
El primer libro (se dice, entre poetas y escritores) siempre es arriesgado y al mismo tiempo presurosamente querido por el autor, que luego de la segunda o tercera publicación sufre una especie de incomodidad auto-bibliográfica: una especie de noviciado irritante y algo lastimero; así también la primera lectura –al igual que todo lo primero en la vida- es engorroso, prejuiciado, incomodo, doloroso, iluminativo, en definitiva, decisivo para quien lee. El lector distorsiona su visual y baja su presión a medida que deja a la digesta forjar su ejercicio, retrocede para revisar y mirar -de vez en cuando- al vació de una muralla o una visión realmente lograda o cualquier traba en el frente, exhalando hondo para no querer desminuirse, tratando de someterse a una realidad externa. Algo parecido ocurre con Ana del Rosario Montrosis Guaje (Valdivia, 1969) Esta Poetiza Chilena, erradicada en San Bernardo y cuyo currículo oscila en estudios de Ad. de Empresas y Turismo, además de ser recopiladora del folklore y la Historia en la comuna ya citada, logra crear un ambiente indiscutiblemente trabajado, en el sentido metodológico y sistemático del poetar: recopila visiones inmediatas de su vida, compara resultados, despeja, madura y plasma -en este poemario- un sentimiento de vitalidad en que el yo y sus divinidades se pasean por la casa de la autora. No se deja distraer, dibuja con ciertos detalles nunca antes confrontados, la silueta de su vida: un poemario personalista, como también es planteado en el prólogo escrito por Úrsula Starke: …la autoridad de una historia personal, humana, con la experiencia que otorga el acto de vivir la pelea constantemente. Pero esa pelea, de la cual habla Úrsula, no solo se refiere a la intransigencia de los devotos versos que se yerran para soportar dolores o arrepentimientos ascéticos que concluyen entre abriendo un brío poético; si no que también, al reconocimiento de su trabajo fuera de la escritura misma: ya sea en la Red (http://plumablancaynegra.bligoo.com) o en distintos encuentros de lectura y por supuesto la publicación, cosa que en Chile es un bien preciado. Volviendo al plano literario: “Tacones Bajo la luna” (Puerto Alegre, 2007) es parte de un proceso, un desarrollo auto-ejercitado donde el cuidado por cada palabra se refleja dotando a los poemas con disposición suficiente, una avenencia entre las palabras. Así, encontraremos en este texto, dicciones como: sacrificio, Dios, cruz, espejos, destino, devoción, espíritus y Luna (por supuesto) una lista de golpes en directo desliz hacia el corazón y no hacia las escaramuzas del razonar casi infalible y diseccionado -para algunos imitadores malhumorados en la poesía- en definitiva, la sensación a flor de piel (o de imagen), una lograda representación de la presunción, ya sea de infancia, de adolescencia o de adultez, cosa que podría ser predecible en la lectura de un poema con otro. No obstante, la concatenación del poemario es saludable: genera estremecimientos, los capítulos son lógicos, los textos se establecen de forma armoniosa a la lectura, ninguno estropea a otro (aunque hay ciertos que sobresalen), las imágenes son nítidas, y directas y la esencia de la mujer en el plano artístico se vislumbra con una voz cauta pero prominente. Mis vecinas necesitan curar el mal de ojo con música en las flores ofrecen los vestidos a las estrellas donde termina la calle Nacimiento Algunas pueden vender papas fritas y sopaipillas en los potreros otras, no hacen nada Y yo sólo quiero escribir mis libros para que ellas olviden las heridas El texto citado corresponde al poema “Zanja de Nacimiento” del capítulo “Luna Nueva”. Vemos cierta frialdad e impotencia, un suspiro de cansancio, un resentimiento, hasta podríamos ver una crítica social y poética. Por lo pronto entenderemos que primero, mira a su alrededor para sentenciar un discurso, tratando de explicar del por qué escribe; segundo, la realidad que ella siente y ve, la cuestiona hasta romper el axioma titubeante, y su sacrificio (escribir libros) es una paga por “todas”, un esfuerzo casi inaudito para el machismo y el feminismo en la ruralidad (y también en lo urbano) y no la concibe como incapacidad, sino, como la aspereza de oportunidades, la aceptación tranquila; Así, me atrevería a decir que Ana Montrosis subvenciona el desafío del genero en los temas poéticos actuales. Ana reocupa ciertos lugares para trabajarlos y hacerlos queridos (nuevamente), logra simplificar y llevar a la praxis un tema que podría ser intimidante para un primer libro, atendamos entonces, que este compendio tiene cierto heroísmo, digno y necesario a la claridad de disponer del lenguaje en forma favorable y no como un tedio para llegar a la propia alma; ataja cada tormenta que provoca una mano escribiendo libre y la regula como quien reforma a un púber sediento y ganoso en prominente esfuerzo por hacer algo. Al final de este libro queda un gusto amable, dulce, tierno. Lo escrito y lo usado por la autora, genera de primeras una amistad agradable, más su forma de exponer los criterios religiosos, hace de ello un trabajo impagable y para un lector agnóstico, como yo, representa una cercanía sin obligaciones, más una aceptación jubilosa. Esperemos pacientemente una nueva cosecha (sin fumigación alguna) en el cada vez más literario San Bernardo, y que Ana sea llamada (por lo que está haciendo) a establecer, en el circulo poético, un estilo de poesía detallado, simple y lleno de belleza, naturalidad, encausados a una lectura detenida para su mejor provecho. Por Javier Sepúlveda Santiago, Agosto 2008 adevlup@gmail.com
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